Uno de los usos más destacados de las tierras raras durante la Segunda Guerra Mundial fue en la fabricación de imanes y componentes electrónicos esenciales para los radares, que fueron un factor clave en las batallas aéreas y navales.
A pesar de su importancia estratégica, el suministro de tierras raras estaba limitado sobre 1940, y la mayoría de las fuentes conocidas estaban en China y en algunas partes de los Estados Unidos. Esto llevó a la intensificación de la competencia por el control de las fuentes de estos materiales.
Los japoneses intentaron asegurar el acceso a los recursos de tierras raras en China durante su expansión en Asia, lo que resultó en la ocupación de grandes áreas del país.
La escasez de tierras raras también fue un factor detrás de algunos de los conflictos económicos y diplomáticos que se dieron durante la guerra, ya que las potencias en conflicto luchaban por controlar los recursos críticos que necesitaban para mantener sus capacidades de producción militar.
Lantano, cerio, neodimio, samario... Metales y tierras raras
Durante la Segunda Guerra Mundial, las tierras raras, un grupo de metales y elementos químicos, no eran conocidas por la mayoría del público, pero fueron de suma importancia en el desarrollo de la tecnología militar y en las industrias de guerra.
Estos metales, que incluyen elementos como el lantano, el cerio, el neodimio, el samario, el europio, entre otros, tienen propiedades excepcionales que los hicieron cruciales para varios dispositivos tecnológicos.
Imán de neodimio
Neodimio: un imán capaz de sostener a una persona
El neodimio fue descubierto en 1885 por el químico austríaco Carl Auer von Welsbach, quien lo aisló a partir de una mezcla de tierras raras extraídas del mineral didimio. En realidad, Welsbach demostró que el didimio no era un elemento único, como se pensaba, sino una mezcla de dos: neodimio y praseodimio.
El uso práctico de este material no explotó hasta finales del siglo XX, especialmente cuando en la década de 1980 se desarrollaron los imanes de neodimio (NdFeB), extremadamente potentes y compactos. La base teórica y la purificación de tierras raras se empezaron a estudiar de forma más sistemática durante la Segunda Guerra Mundial, en contextos como la separación isotópica, la química nuclear y el desarrollo de materiales estratégicos.
El neodimio no se usó directamente durante la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, el interés por las tierras raras (grupo al que pertenece) creció durante el conflicto, también por su posible utilidad en óptica, vidrios coloreados, y más adelante en procesos de separación para usos nucleares.
Esto generó un impulso posterior en su estudio y extracción.
Los primeros confictos de intereses por las tierras raras
Durante la Segunda Guerra Mundial, muchos descubrimientos pasaron desapercibidos. El neodimio fue uno de ellos. Aunque este metal raro no se utilizó de forma masiva en la década de los 40, su estudio comenzó a despertar el interés de ciertos laboratorios militares.
¿La razón? Sus propiedades magnéticas eran demasiado prometedoras para ignorarlas. Décadas después, el neodimio se convertiría en el corazón de los imanes más potentes del mundo. Sin él, no existirían los discos duros, los motores eléctricos modernos... ni los auriculares con los que hoy escuchas este podcast.
En 1940, todo eran teorías.
El neodimio estaba oculto entre minerales como la monacita o la bastnasita. Era difícil de extraer, caro de aislar y, sin embargo, perfecto para el futuro. La guerra no lo usó… pero lo empujó hacia la historia. Como tantos otros elementos olvidados, su potencial empezó a forjarse bajo presión. Y ya sabemos lo que pasa cuando la ciencia trabaja en silencio: el mundo cambia.